Esmeralda v. Por Estas Calles

May 7, 2007

Sometimes I feel that in Latin America we spend a lot of time arguing which is the best type of telenovela. The ones called "rosa" or those that in Venezuela we've decided to call "de ruptura", but that scholars define as "neobaroque" (Calabrese, 1997) and "stylistic postmodern" (Steimberg, 1997).


Taxonomies are never perfect. But, we can say that Esmeralda, written by Delia Fiallo, is the archetype of the telenovela rosa. It includes a traditional dramatic structure, a love story between two protagonists of different socioeconomic levels, a baby switch, a blind protagonist that recovers her sight before the end, manichean characters, a generic context, a scarcity of subplots, and the many twists and turns that have kept several generations glued to the TV watching its many versions and remakes.


Por Estas Calles, originally written by Ibsen Martínez (he didn't write it until the end), exemplifies the telenovela de ruptura. Por Estas Calles chronicled and editorialized the Venezuelan political situation while its main love story eventually disappeared.

In general, telenovelas are located in a continuum between these two extremes. Some are more rosa with their redundant and repeated plots and simplistic characters. Other telenovelas are more de ruptura as they include social conflicts and changes taken from reality, present complex characters that are both ambiguous and unpredictable, and tell stories that combine personal and social problems. Personally, I prefer the latter. I like telenovelas whose characters are so well constructed that their actions are coherent, while the telenovela doesn't lose any of its entertainment or emotional power. I like telenovelas in which identification occurs thanks to a process in which we recognize ourselves and those we know in the melodrama's characters and plots.

The argument Rosa vs. Ruptura has consumed network executive, writers, actors, entertainment reporters and the audience. Nevertheless, it's increasingly difficult to classify a telenovela using this taxonomy. And it's virtually impossible to predict a telenovela's success based on this tipology. The genre's history is populated with both telenovelas rosa and de ruptura which have been successes and failures. The truth is that we can spend our whole lives arguing this topic, but telenovelas can only be classified as GOOD or BAD ones.

6 comments:

Gustavo Morales said...

Creo que lo correcto seria decir, las telenovelas solo pueden malas o peores. Bad or worst. Subgenero televisivo pobre y repetitivo. En toda su existencia no ha creado escuela en ninguno de las industrias envueltas en su producción, especialmente nivel actoral, donde el método es simplista y hasta retrograda. Es como si nunca hubiese existido Lee Strasberg o el mismo Stanislavski. Son un fenómeno en el tercer mundo, por la misma razón que las soap operas son populares en los bajos estratos del primero, ignorancia. Definitivamente merecen ser objeto de estudio, pero nunca por razones estéticas, excepto por un manojo de excepciones son productos formulaicos hechos para el consumo masivo de una población cautiva.

Dr. Carolina Acosta-Alzuru said...

Hola Gustavo,

Gracias por dejar tu comentario. Realmente no estoy totalmente de acuerdo contigo.

En América Latina (más en unos países que en otros) las telenovelas son la gran fuente de trabajo de los actores. Y aunque al ser productos de consumo masivo las telenovelas son víctimas de un trepidante proceso industrial plagado de imperfecciones, opino que así como puede darle vicios actorales a los actores, también los provee de un especie de "gimnasio" actoral que sí los ayuda a desarrollarse. Yo he entrevistado muchos actores y te aseguro que tanto Lee Strasberg como Stanislavski son parte no sólo de su vocabulario sino del conocimiento que aplican a diario en ese arte y ocupación que es actuar. Es común pensar que porque los actores latinos trabajan en telenovelas eso los hace ser de segunda clase. Nada más falso. Los buenos actores también trabajan en teatro y cine, muchas veces en circunstancias que se alejan mucho de lo ideal, pero que no les resta brillo a sus interpretaciones.

Ciertamente la telenovela es un producto formulaico, pero esa característica no la hace pobre como género. Más bien es importante estudiar qué significa que la fórmula funcione. Amén de las novelas que rompen los esquemas conocidos y que son escritas por intelectuales latinoamericanos que han comprendido que la cultura popular es fundamental para entender la formación social.

Las telenovelas no son exclusivamente un fenómeno del Tercer Mundo. Se consumen en más de 130 países, no todos ellos subdesarrollados, como son los casos de Alemania, Francia y Españan. A diferencia de las soap operas que están diseñadas y dirigidas a las mujeres que están en su casa en el bloque vespertino, las telenovelas se consumen en América Latina en todo horario, (incluyendo el primetime nocturno), por hombres, mujeres y niños de todas las clases sociales y niveles educativos.

Yo estudio las telenovelas porque las considero el epicentro perfecto para entender los vínculos entre medios de comunicación, cultura y sociedad. En mis estudios he encontrado telenovelas malísimas y excelentes. También he encontrado telenovelas con una estética nada despreciable.

Como verás tenemos apreciaciones distintas sobre el tema. Y por eso justamente aprecio y agradezco tanto tu comentario.

Gustavo Morales said...

Bueno, no quería para nada disminuir tu trabajo, que me parece excelente incitativa en un país donde poco se estudia más allá de lo netamente académico. Y como dije existen un puñado de excepciones, entre ellas recuerdo una llamada “La Mujer Sin Rostro” de Julio César Mármol donde se puede apreciar la increíble promesa de un género que se estancó hace años, quizás por la industrialización que mencionas. Pero el problema no solo es a nivel actoral, en el todo el proceso creativo. Es imperdonable, por ejemplo, ver que lo que los estudios de televisión entienden como un escenario, no son más que láminas de cartón piedra pintadas en colores pasteles con huecos hacia la nada como si de verdad pudieran pasar por ventanas. La escenografía es un arte con una categoría propia en muchos premios audiovisuales, pero que es ignorado en las telenovelas por razones que realmente escapan lo que entiendo como una producción de este tipo. Lo mismo con la música, la iluminación, el vestuario, y un largo etc. que se puede leer en los créditos al final de cada capítulo.
Claro, no puedo negar que las telenovelas alimentan a gran parte de los actores Latinoamérica, o que son seguidas por millones de personas (eso dice más del público, no importa cuan educado sea, que de las telenovelas en si), pero estas son cualidades que nada tienen que con su calidad. Nadie va a romper el record de ventas de Harry Potter por mucho tiempo, pero cualquiera con algo de conocimientos literarios sabe muy bien que los bebés de la señora Rowling están lejos de ser joyas literarias. Son exitosos sólo porque son un entretenimiento light, de fácil consumo, y escapista a más no poder. Que no tiene nada de malo, mientras se esté claro en su clasificación y a nadie se le ocurra darle un Nobel. Lo mismo con las telenovelas, cuyo aspecto más interesante es el sorprendente mercado que tienen a pesar de su patente mediocridad.
Personalmente, lo más irreal, dañino, y risible de las telenovelas es el casting. La gran fuente de actores en Latinoamérica son los concursos de belleza, dejando de lado elementos básicos como el carácter y el talento. Lo cual me recuerda una anécdota de cuando recién llegue a los Estados Unidos. Conocí a un Salvadoreño en Florida, y tras decirle que era venezolano pensó que le estaba mintiendo porque no me parecía en nada a la gente de las telenovelas. Al preguntarle por qué me dijo que porque no era blanco.
Esta problema (creo que es un problema digno de un estudio aparte), es común en todas las telenovelas, ya que cualquiera que haya estado en México, Venezuela, o Perú sabe muy bien que la mayoría local no se parecen en nada a sus estrellas televisivas.
Y este problema de casting es el que empobrece el nivel actoral de las producciones. Salma Hayek nunca hubiese dejado de hacer roles de cachifa en México e inevitablemente hubiese terminado como permanente segundona de no haberse ido a Hollywood. Luis Guzmán, Rosie Pérez y creo que hasta el talento de Anthony Quinn se hubiesen perdido en Latinoamérica por los estándares mediocres de las televisoras. Que es lo mismo que ocurre con talentos antiguos que hoy en día no hacen más que llenar papeles secundarios como Gustavo Rodríguez, Alejo Felipe o Miguel Ángel Landa, que crecieron en épocas donde los valores artísticos eran norma.
El mundo ha cambiado desde que la primera telenovela salió al aire, pero en ese universo sigue siendo el mismo. Los empleados domésticos son negros, los héroes buen mozos, ricos y nobles (y blancos según mi anécdota), las madrastras diabólicas, nadie trabaja, no hay tráfico, ni clima, ni nada que imprima algo de humanidad en el producto, lo cual me lleva a mi problema con las telenovelas. ¿Cómo puede el público latinoamericano identificarse con un planeta al que obviamente no pertenece? ¿Es el sueño de que un príncipe azul nos rescatará del mundo de miseria en que vivimos? ¿Escapismo? ¿Será que hay más domésticas en el tercer mundo de lo que pensamos y ellas son ese gran mercado al que atacan las televisoras? Quien sabe, pero mientras insistan en que un trabajo televisivo es una “gran producción” por que el Santos Luzardo que tienen de protagonista es grabado en exteriores montado en un caballo, el futuro luce negro en un género estancado por un público poco exigente o fácil de complacer.

Gustavo Morales said...

Por cierto, Carolina, si alguno de tus escritos sobre telenovelas es público me encantaría leerlo. Quizas están aquí en el blog, pero no los conseguí.

Dr. Carolina Acosta-Alzuru said...

De nuevo, gracias por escribir. La verdad es que me encantaría mover esta conversación nuestra al blog en español, pero no soy todavía suficientemente ducha en esto de los blogs para poderlo hacer :-)
(El post equivalente a Esmeralda v. Por Estas Calles lo puedes encontrar en: http://telenovelas-carolina-esp.blogspot.com/2007/05/esmeralda-vs-por-estas-calles.html)

Tocas varios temas que son, de hecho, tensiones importantes e intrínsecas a las telenovelas, (sobre todo a las hechas fuera de Brasil): talento vs. aspecto físico, el fenotipo estándard de los protagonistas y los bajos valores de producción de la industria venezolana de la telenovela.

Voy a circunscribirme a la telenovela venezolana porque tus comentarios me hacen pensar que eres venezolano como yo (y fuera del país, como yo también).

- Ciertamente el Miss Venezuela se ha convertido en el gran casting de nuestra televisión. Que fuera un casting más no sería problemático, pero cuando es el GRAN casting, entonces sí siento que nuestra industria puede estar en problemas.

- En general, Venezuela es un país súmamente vanidoso. Que los protas sean bellos y que todos en la telenovela sean bonitos cuadra bien con nuestra cultura, la cual es reforzada por estas representaciones mediáticas.

- Somos un país que no acepta la etiqueta del racismo. Sin embargo, sufrimos de una pigmentocracia feroz y de un estado de negación perenne con este espinoso tema.

Habiendo establecido estos vínculos con tu comentario, debo también decirte que hay novelas que han roto con éxito esa camisa de fuerza doble que nos impone tanto nuestra cultura venezolana, como las recetas manidas de la telenovela formulaica. En Venezuela ya no es norma que la gente de piel oscura sean "la servidumbre" de los blancos amos. Eso ha quedado sólo para las telenovelas "de época". Y aunque seguimos produciendo telenovelas sin gastar tanto dinero como los mexicanos y brasileños, nuestra producción ha mejorado sustancialmente.

Quiero darte un ejemplo reciente que ilustra bastante bien lo que trato de decirte, el de la última telenovela que estoy estudiando a fondo y que estuvo al aire en Venezuela del 25 de Julio de 2006 al 25 de Abril pasado: Ciudad Bendita. Esta novela contó con un elenco donde lo que predominaba era el talento y el oficio. Tenía un protagonista masculino, Roque Valero, que es un excelente actor cuyo fenotipo NO es el del prota bonito. La protagonista, Bendita (Marisa Román) era coja y tuvo su final feliz con su cojera intacta. La telenovela criticaba por varios flancos nuestra venezolana obsesión con la belleza y las apariencias. Entre sus muchas sub-tramas cabe destacar la existencia de un triángulo amoroso de la tercera edad...en un país donde nos negamos a envejecer.

Ah...y en esta novela, la protagonista sólo se empieza a enamorar del prota después del capítulo 70! (Rompe con la receta en este sentido también).

En Venezuela hay escritores que valoran el talento actoral y que han logrado tener cierto peso específico para contrarestar las decisiones de los ejecutivos que sólo piensan en la telenovela como negocio. Te cuento que en estos momentos Alejo Felipe tiene un papel central en la telenovela "Aunque Mal Paguen" de Alberto Barrera Tyzska (premio Herralde de novela).

En fin...que no todo está perdido...ni remotamente.

Para terminar, debo decirte que las telenovelas que vemos aquí en Estados Unidos son casi todas hechas por Televisa o por empresas internacionales que tienen como canon el hacer las fórmulas que ellos consideran ya probadas. Protas bonitos y blancos, etc, etc. Pero el mundo de la telenovela está MUCHO más avanzado que la muestra a la cual tenemos acceso aquí a través de las cadenas de habla hispana.

Dr. Carolina Acosta-Alzuru said...

Gustavo, aquí te dejo tres enlaces donde podrás encontrar tres artículos que escribí en inglés sobre la telenovela venezolana El País de las Mujeres:

El País de las Mujeres 1

El País de las Mujeres 2

El País de las Mujeres 3


Mi estudio sobre la telenovela Cosita Rica (que tocaba el tema de la división política de nuestro país) es el tópico de mi libro "Venezuela es una Telenovela: Melodrama, Realidad y Crisis" que será publicado por Editorial Alfa en Caracas en Septiembre.